Brexit y Malvinas: ser prudente

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El 31 de enero el Reino Unido dejó de pertenecer formalmente a la Unión Europea luego de casi medio siglo. El acontecimiento fue seguido intensamente en la capital británica tanto por los partidarios felices por el paso dado como por aquellos sectores que advierten que el país está cometiendo un error garrafal.

Desde nuestro país, el evento fue observado con particular atención ante la posibilidad de que pudiera generar cambios sustantivos en relación al vínculo bilateral y la histórica disputa acerca del reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas. Algunas opiniones vertidas sobre el tema señalan que sin el apoyo del bloque europeo la posición británica quedaría debilitada. Esta posibilidad sería una buena noticia para el futuro del reclamo argentino.

No hay dudas de que el Brexit podría afectar negativamente a las islas. La industria pesquera malvinera, uno de los principales sostenes económicos de las islas, se exporta casi en su totalidad a Europa (aproximadamente un tercio de los calamares que se consumen en España proviene de las islas). Si la producción isleña tuviera que afrontar súbitamente el pago de aranceles se encarecería su precio para el mercado europeo. Este aumento podría producir una caída del consumo y su consecuente reemplazo en Europa por el proveniente de otras latitudes.

Al debilitamiento relativo de la economía de las islas se le suman los desafíos que el Brexit implica en términos económicos para Londres. Si efectivamente la salida de la Unión redunda en un empeoramiento de la situación económica del Reino Unido, el oneroso mantenimiento de sus territorios (incluidas las islas Malvinas) será una carga mayor para las arcas británicas.

El gobierno argentino, sin embargo, debiera ser prudente. El gobierno británico se ha mostrado firme en su posición de que el Brexit no tiene efecto sobre la discusión de soberanía de las islas. Y si bien es cierto que el apoyo a la posición británica se reduce con la salida de la UE, Londres siempre ha sostenido que los reclamos de soberanía son independientes de las cuestiones europeas.

Un claro ejemplo de esto es la incapacidad de España de modificar sustantivamente el status de Gibraltar. Es ilusorio suponer entonces que el debilitamiento relativo del Reino Unido lo hará más permeable a los reclamos diplomáticos, en especial con la población isleña en contra de cualquier acercamiento con nuestro país.