Cómo fue el hundimiento del Crucero Ara General Belgrano, el mortífero ataque al buque que cambió el rumbo de la guerra de Malvinas

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Alberto Deluchi iba a bordo del crucero argentino ARA General Belgrano cuando el buque fue atacado por el submarino británico Conqueror.

Y dice que sobrevivió gracias al azar.

Unos instantes antes de que el primer torpedo impactara la nave, había salido del comedor que resultó destruido y causó la muerte de decenas de hombres.

“Si me quedaba conversando medio minuto más, probablemente no estaría acá” dice Deluchi.

Eran las 16 horas del 2 de mayo de 1982. Había pasado justo un mes desde que militares argentinos desembarcaran en las islas Malvinas o Falklands en reclamo de su soberanía, acción que desencadenó una sangrienta guerra con Reino Unido.

323 argentinos murieron en el ataque al Belgrano, casi la mitad de las 649 bajas que el país sudamericano sufrió en la guerra, en la que también perdieron la vida 255 uniformados británicos y tres isleños.

Fue un momento clave en el conflicto. Y también uno de los más polémicos.

Un buque con historia:
El ARA General Belgrano

La última misión del ARA General Belgrano zarpó desde la base naval Puerto Belgrano hacia la isla de los Estados en el Atlántico Sur, el 16 de abril de 1982. Llevaba a bordo 1.093 tripulantes entre oficiales, personal subalterno y jóvenes que cumplían el servicio militar obligatorio.

Construido por EE.UU. en 1938, había sido vendido a la Armada argentina en 1951, tras sobrevivir al ataque de Pearl Harbor donde participó bajo el nombre de USS Phoenix.

Era un barco con alta potencia de fuego. Tenía cinco torres de tres cañones de 152mm / 47 calibres cada una, ocho cañones de 127mm en sus bandas y artillería antiaérea.

Pero carecía de un sonar para detectar objetos submarinos.

Su protección estaba a cargo de dos destructores, el ARA Piedrabuena y el ARA Bouchard, que sí contaban con esa tecnología.

Submarino nuclear británico
HMS Conqueror

El HMS Conqueror era un submarino nuclear de la Royal Navy que partió desde la base de naval de Faslane en Escocia, rumbo al Atlántico Sur el 3 de abril de 1982, al día siguiente del desembarco argentino en las islas Malvinas.

Había entrado en servicio en 1971 y su propulsión a través de un reactor nuclear le permitía hacer viajes en las profundidades oceánicas más largos que los submarinos convencionales.

Pero no tenía armas nucleares, sino seis tubos para lanzar torpedos de dos tipos: Mark 8 y Mark 24, también conocido como “Tigerfish”.

El 12 de abril de 1982, diez días después del comienzo de la guerra, el Reino Unido decreto una zona de exclusión marítima de 200 millas náuticas alrededor de las Islas Malvinas. Y a fines de ese mes la convirtió en zona de exclusión total, indicando que podría abrir fuego contra cualquier barco o avión hostil que cruzara el límite trazado.

Hay consenso de que el Belgrano fue atacado fuera de esa zona.

Sin embargo, el Reino Unido ha señalado que el 23 de abril le había advertido a Argentina que respondería a cualquier nave que apareciera como una amenaza para las fuerzas británicas en el Atlántico Sur (lo cual no incluiría límites específicos).

Los siguientes mapas recrean lo que sucedió desde el momento en el que el Belgrano fue interceptado por el submarino británico, en base a los testimonios de extripulantes de cada uno de los navíos. El Belgrano está identificado con el color amarillo y el Conqueror con el color verde.

Pedro Luis Galazi
Era el segundo comandante del Belgrano y en ese momento tenía 44 años. Nació en el mismo día de la botadura al agua del crucero
Jonathan Powis
Era el oficial de navegación del Hms Conqueror y al momento de la guerra tenía 26 años.
“Nosotros estábamos en la isla de los Estados (…) No estábamos anclados, sino que nos hacían mover de acuerdo a las exigencias. En la guerra a usted un superior le da una orden y uno no pregunta para qué”.
Viernes 30 de abril:
El submarino Conqueror detecta al Belgrano.
“En cierto momento captamos un ruido interesante de turbina (…) Parecía un barco de guerra. Nos hundimos más profundo (…) La sala de control estaba bastante tensa”.
“Pude detectar que había un petrolero grande. El Belgrano estaba al costado repostando y había dos destructores”.
“A esa altura ya nos tenía en sus garras, esperando la orden de lanzar”.
Sábado 1º de mayo:
El Belgrano recibe la orden de poner rumbo hacia el este.
“Se había planificado un ataque a la flota inglesa en un movimiento de pinza”: por el norte con los aviones del portaaviones ARA Veinticinco de Mayo y por el sur con el Belgrano y sus destructores.
El Conqueror comienza a seguir al Belgrano.
“Nos posicionamos debajo del Belgrano cuando comenzaba a moverse hacia el este (…) Es probable que su propio ruido enmascarara la presencia de un submarino justo debajo”.
Mañana del domingo 2 de mayo:
El Belgrano comienza el regreso.
“El viento no favoreció el despegue de los aviones del portaaviones. Por lo tanto retrocedieron y a nosotros también nos dieron la orden de retroceder”.
Tarde del domingo 2 de mayo:
El Conqueror recibe la orden de atacar.
“El Belgrano cambió de rumbo (…) Tuvimos que perseguirlos. Llegamos al norte del crucero, pero los destructores nos obstaculizaban. Nos hundimos, pasamos por debajo y llegamos al sur del Belgrano, mirando al oeste. Reiniciamos ‘el enfoque’ (para atacar)”.

3 disparos

“La cuestión era qué torpedo usaríamos”, recuerda Jonathan Powis. “¿El moderno pero poco fiable Tigerfish (Mark 24), que es principalmente un torpedo antisubmarino con una cabeza explosiva pequeña? ¿O el Mark 8 de la Segunda Guerra Mundial, que estaba bastante probado?”

“Si vas a intentar hundir un crucero blindado de 13.000 toneladas, no usas una cabeza explosiva que pesa menos de 100 kilos. En vez de eso, vas por la gran explosión”, explica.

A las 15 horas, 56 minutos y 45 segundos locales (18:56:45 GMT) el submarino Conqueror disparó su primer torpedo contra el Belgrano, según el registro citado por Powis.

Otros dos torpedos fueron lanzados en intervalos de tres segundos.

Los dos primeros disparos dieron en el blanco. El primer torpedo explotó en la sala de máquinas del Belgrano, a babor. El fuego subió al comedor y llegó hasta la cubierta principal del crucero. El segundo le arrancó la proa al crucero.

El tercero pasó por el lado del Belgrano y se cree golpeó al ARA Bouchard, pero sin llegar a explotar.

Aproximadamente 25 minutos después del impacto de los torpedos, el comandante del Belgrano, Héctor Bonzo, dio la orden de abandonar el buque escorado que se hundía.

El Belgrano es considerado hasta ahora el único barco hundido por un submarino nuclear durante un conflicto.

“Vámonos que nos hundimos”

Santiago Elías Belozo

Con 19 años, estaba cumpliendo el servicio militar obligatorio cuando ingresó como tripulante del Belgrano. No conocía el mar.

Extractos de cómo recuerda ese día:

Mi puesto de guardia en artillería era hasta mediodía. Cuando termina me voy a descansar a los dormitorios. A las 4 de la tarde pega el primer torpedo. Se siente un sacudón muy grande. Las camas se desprenden. Muchos nos caemos. Algunos caños se sueltan.

El barco se frena y se escucha otra explosión. Por unos segundos hay un silencio mortal.

Subo a mi puesto de combate y me dice un guardiamarina que nos habían atacado.

Veo a un cabo segundo descalzo y con poca ropa. Cuando intento bajar a buscarle unas zapatillas subían todos los que estaban quemados. Me dice: “No pasa nada, mi pollo, nos vemos en Ushuaia”.

Me voy a proa, a mi lugar designado de abandono de la nave.

Hacemos una cadena humana entre los que estamos bien para que los heridos puedan pasar detrás nuestro sin caer al agua, porque el barco se escora.

Hay una tormenta impresionante en el Atlántico Sur. Pero el barco se sigue escorando y el comandante da la orden de abandonar el buque. Primero bajamos a los heridos.

Luego un teniente me grita: “¡Belozo, vámonos que nos hundimos!”.

Cuando nos estamos por tirar se escucha un ruido muy fuerte. Era el cabrestante que se soltó, con tan mala suerte que cayó arriba de algunas balsas.

Al cabo segundo no lo vi más. Murió en una de ellas.

Santiago Elías Belozo con otros tripulantes del Belgrano

“Pensé en los hombres que habíamos matado”

Narendra Sethia

Tenía 26 años. Era oficial de suministros y guardia en la sala de control del Conqueror.

Página del diario de Narendra Sethia

Llevaba un diario personal. Estos son fragmentos de lo que escribió tras el ataque:

“Alrededor de las 16:00 disparamos tres torpedos Mark 8 al BELGRANO. Estábamos expectantes. 43 segundos después de la descarga, escuchamos la primera explosión, seguida de dos más. Tres golpes de tres armas. La Sala de Control estaba alborotada, 30 personas gritaban y se animaban. El Capitán, en el periscopio de ataque, lanzaba órdenes (…) Después de unos 5 minutos, hubo una fuerte explosión -una carga de profundidad. Todo el mundo se quedó inmóvil y el Capitán ordenó cerrar para contraataque (…) De pronto, parecía que nosotros éramos la caza. Me sentí asustado, casi temblando, sudando y con náuseas. Pensé en lo que habíamos hecho, en los hombres que habíamos matado”.

Sethia complementa su relato en diálogo con BBC Mundo, aún conmovido 40 años más tarde:

Mucho después descubrimos que las explosiones que oíamos eran de cuando el Belgrano se hundió: la presión del agua hacía explotar sus calderas, sus armas y todos sus sistemas…

Tras ese ataque y hasta el final de la guerra fuimos diferentes. Es como si hubiéramos cambiado en cinco segundos, de estar relajados y sonriendo a decir, “oh Dios mío, esto es serio”…

Creo que en nuestros corazones la mayoría estábamos muy incómodos con todo el asunto. Para ser honestos, muchos nos habíamos alistado en la Marina para irnos de casa, ver el mundo… Gran Bretaña no había estado en una guerra desde hacía mucho tiempo. Nunca creímos que esto iba a suceder y desde entonces muchos de nosotros realmente tenemos problemas.

“24 horas expuestos al frío extremo”

Alberto Deluchi Levene

Cirujano, trabajaba como médico de a bordo del Belgrano cuando se hundió el crucero. Tenía 37 años.

Cuando salí a cubierta no tenía una balsa cerca, así que me arrojé al agua helada, lo que es terrible. Duele. Es como que mil agujas se clavaran en la piel.

Quise subir a un bote pero no podía, porque los bordes estaban lubricados con petróleo. Después de dos o tres intentos, pensaba que todo se terminaba. El agua fría te quita las fuerzas.

Dos marineros me izaron. Estaba tiritando.

Diez náufragos de otra balsa que se había pinchado se pasaron a la de nosotros. Éramos 13. En el roce con el casco del buque también se rompió una parte de la nuestra. Estaba semisumergida.

Con cada ola entraba más agua.

Empezamos a repartir trabajos. Unos tomaban los bordes del techo roto y lo levantaban con los brazos para que la ola nos pasara por encima, otros tomaban el cabo que nos unía a otras dos balsas… Así toda la noche.

Una manta y el calorcito del cuerpo con cuerpo nos permitió mantenernos vivos hasta el otro día.

A las 13 horas del 3 de mayo sentimos el ruido de las hélices de un avión argentino. A las 16 nos rescató el aviso-remolcador Gurruchaga.

Fueron 24 horas expuestos al frío extremo.

Un muchacho con hipotermia que iba delante mío hizo un paro cardíaco y murió cuando entraba al lugar de recibimiento de los náufragos.

Alberto Deluchi Levene eligió ser médico de a bordo por vocación

“Mi hermano no aparecía en las listas de sobrevivientes”

Alicia Salas Castro

Tenía 21 años cuando su hermano Jorge, de 19, murió en el ataque al Belgrano. Relata la angustia que pasó su familia.

Yo trabajaba en unas oficinas y atrás había un taller donde siempre colocaban la radio a todo volumen para escuchar las noticias. Fue ahí donde escuché del hundimiento del crucero Belgrano. Fue terrible. Lo único que hacía era llorar y llorar. Vino mi jefe y no le podía explicar qué me pasaba.

De ahí fue todo un peregrinar de incertidumbre.

Llamaba a la Armada y me decían que mi hermano no aparecía en las listas de sobrevivientes. Lo más terrible era llegar a la casa de mi mamá y decirle: “No hay noticias, no aparece”.

¡Lo que era el presentimiento de madre! Ella me decía: “No, tu hermano no va a resistir. ¿Te imaginas esas aguas heladas?”. Era muy triste ver su dolor.

Pero ella no se resignaba. Iba a los hospitales, o a cualquier lugar donde le decían que podía haber sobrevivientes, a ver si lo encontraba. Hasta que un día le llegó lamentablemente la carta donde le decían que lo daban por desaparecido, que ya no buscaban más.

Nunca nos supieron decir si él estaba en los dormitorios o si lo vieron en una balsa. Nunca.

Mucho después a mi mamá le llegó una carta que él le había enviado antes de embarcarse. Le decía que el crucero iba lleno, que la patria lo llamaba. Y que sí, que tenía un poco de miedo a lo que podía pasar.

Tumba de guerra

La madre de una de las víctimas del hundimiento del Belgrano en una placa conmemorativa en Buenos Aires.

El Belgrano se hundió en un área que alcanza los 4.200 metros de profundidad y hasta ahora sus restos no han sido hallados.

El área fue declarada “lugar histórico nacional y tumba de guerra” por una ley argentina de 2001.

Su hundimiento cambió el rumbo de la guerra. Después de ocurrido, la Armada argentina replegó a puerto su flota de superficie por el resto del conflicto.

Reino Unido comenzó así a establecer superioridad naval y demostró su determinación de luchar por las islas infligiendo grandes pérdidas de vidas y materiales a Argentina.

Distintos observadores sostienen que el ataque al Belgrano acabó con la posibilidad de alcanzar una solución negociada al conflicto promovida por Perú.

De hecho, las hostilidades aumentaron.

Dos días después del hundimiento del Belgrano, Argentina lanzó un contraataque con aviones contra el destructor británico HMS Sheffield que mató a 20 de sus tripulantes y hundió el buque.

Tropas de ambos países se enfrentaron en las islas y tras fuertes combates, los británicos rodearon la capital Stanley / Puerto Argentino.

La guarnición argentina que había resistido al avance británico, finalmente se rindió el 14 de junio de 1982. Habían pasado 43 días desde el ataque al Belgrano.

Pero la polémica por el hundimiento del buque siguió vigente.

Muchos en Argentina han sostenido que esa acción fue un “crimen de guerra” porque el crucero se encontraba fuera de la zona de exclusión marcada por el gobierno británico alrededor de las islas.

Incluso el actual presidente argentino, Alberto Fernández, ha dicho que la entonces primera ministra británica, Margaret Thatcher, debió haber sido juzgada por eso.

Sin embargo, los intentos de llevar al gobierno británico a juicio fallaron.

En su momento, Thatcher defendió la decisión de atacar el Belgrano.

Al ser increpada por una maestra en un programa de televisión de la BBC en 1983, la primera ministra explicó que el Belgrano estaba en un área en la que representaba un peligro para los navíos británicos.

Y la idea de que fue un “crimen de guerra” también ha sido rechazada por oficiales de la propia Armada argentina, como el último comandante del buque, Héctor Bonzo, fallecido en 2009.

“Para nosotros fue un acto de guerra”, dice Pedro Galazi, el segundo comandante del Belgrano. “A pesar de que habíamos puesto rumbo al oeste, dejamos una dotación en puesto de combate porque si encontrábamos a un inglés lo íbamos a hundir si podíamos”.