Guerra de Malvinas: Los errores cometidos en los preparativos para el combate

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Durante la guerra faltaron provisiones y armamento, las fallas en la distribución de las tropas y la creencia de muchos de los altos mandos que los ingleses no atacarían decidieron el destino de la guerra antes de disparar un solo tiro

El éxito de la Operación Rosario del 2 de Abril de 1982 sorprendió a las fuerzas armadas argentinas y quizás, en menor medida, a las fuerzas armadas británicas. La predicción de la estrategia nacional y militar no previó el día después. En Puerto Argentino se conformó un Comando Conjunto aunque solo en los papeles a órdenes del Gobernador, general Mario B. Menéndez, del cual dependía el componente Ejército a cargo del general Oscar Jofre, el componente Naval a cargo del contraalmirante Edgardo Otero y el componente Aéreo a órdenes del brigadier Luis Castellanos. No se atinó a aprovechar el período inicial de la recuperación, y se actuó como si las operaciones militares pudieran subordinarse a las negociaciones diplomáticas. Como consecuencia de ello se evidenciaron las improvisaciones, imprevisiones y limitaciones de todo tipo que aflorarían en el campo táctico que es donde mueren las palabras: la zona de combate Malvinas. Ello afectó, entre otros aspectos, la movilidad, el poder de fuego y la logística en las islas. No llegaron en su justa medida blindados, cañones pesados, artillería antiaérea, radares, vehículos de distinto tipo, materiales para la prolongación de la pista de aterrizaje y abastecimientos necesarios para miles de hombres que necesitaban una dieta superior a las 4.000 calorías. La incompetencia en el continente olvidó una de las más importantes sentencias de Napoleón: “El soldado combate con el estómago”. Curiosamente llegaron dos automóviles Ford Falcon, uno para Menéndez y otro para un jefe de unidad.

El 16 de abril, a través de la Embajada de Suiza en nuestro país, el Reino Unido hizo conocer su decisión de atacar cualquier aeronave, buque o submarino argentino que afectara el cumplimiento del accionar de la Task Force en el Atlántico Sur. El día 21 visitó las islas el general Cristino Nicolaides, quien manifestó que él “tendría que estar ahí con sus hombres”, pero no vio a ninguno de ellos y jamás regresó. Días después en Buenos Aires, dijo: “Puerto Argentino es una fortaleza inexpugnable”. En realidad era una “tela de cebolla”, pero para quien había afirmado que el comunismo había nacido 50 años antes de Cristo, no nos extrañaba que la comparara con la célebre línea Maginot, sistema de fortificaciones construida por iniciativa del ministro de Guerra francés André Maginot en nueve años (1927/1936), y que fue perforada sin inconvenientes por los alemanes en 1940. La “fortaleza” a la que se refirió Nicolaides se preparó en veinte días.

El día 22 nació nuestro cuarto hijo en Paso de los Libres, una nena después de tres varones, y la conocí tres meses después; algo similar le ocurrió a soldados nuestros y británicos. Esa mañana arribó Galtieri, que al igual que días anteriores lo habían hecho sus pares de la Junta Militar el almirante Anaya y el brigadier Lami Dozo y solo permaneció unas pocas horas sin reunirse con los jefes de las unidades tácticas. A su regreso a Río Gallegos, Galtieri, en forma inconsulta y nada evaluada, ordenó el envío de la Brigada de Infantería III con asiento en la Provincia de Corrientes, a pesar de que se le habían solicitado tropas reducidas de la especialidad de montaña o de comandos. Tal torpe decisión, avalada por su Estado Mayor, agravaba sensiblemente la situación pues se agregaban hombres, pero sin los abastecimientos y pertrechos necesarios. En las islas ese despropósito se atribuía a que el entonces Presidente y Jefe del Ejército era adicto a la bebida alcohólica, pero recordemos que en la Guerra de Secesión de los Estados Unidos, mientras el general Ulysses. S. Grant ganaba batallas en el oeste, el presidente Abraham Lincoln recibió muchas quejas acerca de que Grant era irremediablemente adicto al whisky; en una de ellas respondió Lincoln: “Quisiera que Grant enviara un barril de su whisky a cada uno de mis otros generales”. Pero no era el caso. Posteriormente, Grant fue el 18vo presidente de los EE.UU.

El 25 de mayo de 1982, el general del ejército argentino Mario Benjamín Menéndez, que gobernó como gobernador durante los 73 días de la Guerra de las Malvinas, se dirige a sus tropas en Darwin

En esos días concurrió a las islas el segundo comandante de la Brigada Aerotransportada IV, coronel Víctor Pino, con parte de su Estado Mayor, con la finalidad de seleccionar probables zonas de lanzamiento de paracaidistas para una operación que finalmente no se realizó. Habría sido una masacre ya que entonces la superioridad aérea local era totalmente británica, el cerco marítimo se había concretado y, además, las condiciones climáticas y las características del terreno eran adversas.

El 26 de abril de 1982 llego a las Islas Malvinas la III Brigada de Infantería al mando del general Omar E. Parada. Una de sus unidades, el Regimiento de Infantería 12, fue enviado a la zona de Darwin y Pradera del Ganso. Sus dotaciones eran incompletas, se carecía de algún importante armamento y de total movilidad. En otra torpe decisión, el Regimiento de Infantería 5, al mando del coronel Juan R. Mabragaña, fue enviado a la isla Gran Malvinas, lo que lo aisló completamente, como ya lo habían hecho con el Regimiento de Infantería 8, a órdenes del teniente coronel Ernesto Repossi. Ambos recibieron de Menéndez la siguiente misión: “Negar espacio de maniobra al enemigo, contribuir a la defensa de Puerto Argentino y mantener tenazmente (innecesaria adjetivación) la presencia de tropas argentinas en la isla”. La pregunta que surge es, ¿con qué medios? Además, se creó innecesariamente un Teatro de Operaciones secundario denominado “Litoral”, separado del principal por el estrecho de San Carlos, que distrajo y desperdició regimientos de Infantería. Gran desconocimiento del principio de la conducción: “economía de fuerzas”. Los últimos días de abril solicité al general Jofre la conveniencia de traer del continente cañones pesados (20 km de alcance y 155mm), su respuesta fue: “Hablemos en serio, enfrentamiento no va a ver”. Por su parte, Galtieri aseguró: “En el peor de los casos será un duelo a primera sangre”, ambos confiaban en que rápidamente intervendrían los organismos internacionales.

El 28 de abril el Congreso de los Estados Unidos aumentó la presión y al día siguiente aprobaron la Resolución 382 del Senado de total apoyo al Reino Unido, que fue aprobada por 79 votos contra 1. Es interesante citar la predicción del International Herald Tribune sobre la situación en el Atlántico Sur: “El apoyo a la Argentina en Latinoamérica es tan ancho como el Río de la Plata, pero con un solo centímetro de profundidad. Excepto Venezuela y a veces Perú, las repúblicas más importantes han dicho muy poco. Entre las más pequeñas solo apoyaron a la Junta: Cuba, Guatemala, Nicaragua y Panamá”.

El Reino Unido recibió una significativa ayuda de la OTAN y del gobierno de Chile, presidido por Augusto Pinochet.