La “cuestión Malvinas” y la geopolítica del Atlántico Sur

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Hace casi tres meses, precisamente el Día de la Soberanía Nacional, comenzó a operar el vuelo que conecta San Pablo con las Islas Malvinas, una nueva ruta comercial administrada por Latam Airlines Brasil.

No se trata de un hecho aislado, sino que puede ser concebido como resultado del acuerdo firmado el 13 de septiembre 2016: el “Acuerdo Foradori-Duncan”. Dicho acuerdo pretende limitar o evitar las restricciones económicas impuestas por las leyes argentinas, sancionadas por el Congreso Nacional, sobre protección de recursos ictícolas y de explotación de hidrocarburos. Entre otras medidas, incluyó la posibilidad de aumentar el número de vuelos a las islas, con escala en Argentina, pero sin aceptación de empresas de transporte aéreo nacionales ni de vuelos directos desde la Argentina continental. Todo en el marco de la política sobre Malvinas implementada durante la Presidencia de Mauricio Macri, destinada a mejorar las condiciones de este enclave neocolonial-militar, como uno de los pilares para recuperar las relaciones amistosas (subordinadas) con potencias occidentales.

Malvinas y el Atlántico Sur: impacto geopolítico global

Vale destacar que en el Atlántico Sur Occidental -sector correspondiente a Suramérica- solo dos actores regionales detentan casi la totalidad del litoral marítimo: Brasil y Argentina. Por su parte, las potencias extrarregionales con fuerte presencia son Estados Unidos (EE.UU.) y el Reino Unido, que detentan la posesión de la cadena de islas que se encuentran en el centro del Océano Atlántico Sur, entre América y África, al tiempo que ejercen poder naval de la zona. De este modo, lejos de una disputa de 11 mil kilómetros cuadrados –correspondientes a las dos islas mayores y al conjunto de islotes que de ellas se desprende– la “cuestión Malvinas” hace referencia a un conflicto que supone alrededor de 6 millones de kilómetros cuadrados, es decir, ni más ni menos que “dos Argentinas” continentales más un océano que rebalsa de recursos.

El Estrecho de Magallanes, los Pasajes de Beagle y Drake, posibilitan la comunicación interoceánica Atlántico-Pacífico y son fundamentales para el monitoreo e intervención en el comercio mundial. Se estima que alrededor de 200.000 buques de carga transitan anualmente el Atlántico Sur. El 80% del petróleo que demanda Europa Occidental y el 40% de las importaciones de EE.UU. representan parte importante de este flujo comercial. Otra dimensión que da cuenta de la importancia geoestratégica de las Malvinas es la conexión que establece con la Antártida, territorio codiciado por las potencias hegemónicas por ser reservorio de minerales, biodiversidad, por almacenar en forma de hielo más de las tres cuartas partes de agua dulce existente en el planeta y también de suma importancia para la actividad espacial.

Actualmente, el enclave militar con la base aérea de Mount Pleasant cuenta con una pista de 2.590 metros y otra de 1.525 que posibilitan el desplazamiento de aviones de gran porte y helicópteros. A esto se suma el puerto de aguas profundas Mare Harbour, utilizado por la Marina Real para el amarre de buques y submarinos (Londres ha enviado submarinos de última generación y de propulsión nuclear). Incluye silos y rampas para lanzamiento de armas nucleares. Viven allí entre 1.100 y 1500 efectivos, de los cuales alrededor de 500 residen en forma permanente mientras que el resto es parte de contingentes rotativos que arriban para ser sometidos a entrenamiento y posteriormente enviados a escenarios bélicos donde esté involucrada Gran Bretaña, como fue el caso de Irak o Afganistán.

Esta base cuenta con aviones de última generación, denominados Eurofighter Typhoon, que reemplazaron a los Harrier que se usaron en la guerra y a los Tornado F3; ninguna fuerza aérea en Latinoamérica cuenta con este tipo de avión. A esto se suma que en 2017 el Ministerio de Defensa británico resolvió ampliar el presupuesto de la base en 267 millones de libras para los próximos diez años, implementando nuevos sistemas de defensa misilísticos que reemplacen al anterior sistema de defensa de misiles Rapier.

Lo dicho deja en claro que se trata de un punto geopolítico y geoestratégico de primera importancia. Por otro lado, los asentamientos coloniales británicos –aún pendientes de descolonizar en el siglo XXI– sirven para establecer un sistema interconectado de bases militares que incluyen a Tristán da Cunha, Santa Elena y Ascensión. Si bien algunas no conforman bases militares clásicas, constituyen importantes “barreras” en la geopolítica del Atlántico Sur ya que, como Santa Elena -con una reciente inauguración de una pista aérea- pueden transformarse rápidamente en bases útiles para el transporte y apoyo logístico; una suerte de columna vertebral que permite el abastecimiento y traslado de fuerzas de combate rápidamente.

Malvinas y la disputa “Occidente vs Oriente”

Es fundamental entender la estrategia del Reino Unido en el Atlántico Sur como complementaria a la de EE.UU. y al esquema de despliegue militar de la Otan. En 2004, Londres trasladó la Comandancia Naval del Atlántico Sur a Mare Harbour y Monte Agradable. Cuatro años más tarde, EE.UU. anuncia la reactivación de la IV Flota para patrullar el Caribe, América Central y América del Sur con fines “humanitarios”. En 2009 las islas Malvinas, islas del Atlántico Sur y el Territorio Antártico pretendido por Gran Bretaña fueron incorporadas unilateralmente como territorios europeos de ultramar a través de la ratificación del Tratado de Lisboa y la aprobación de la Constitución Europea por el Parlamento Europeo.

En agosto de 2018 el secretario de Defensa británico, Gavin Williamson, ante el grupo de expertos del Atlantic Council –think tank referente del establishment imperialista fundado en 1961 en el marco de la Guerra Fría- resaltó la fortaleza de la relación entre el Reino Unido y los EE.UU.:

“(…) Estamos listos para responder a cualquier situación en cualquier momento. Hemos desplegado fuerzas en todo el mundo, podemos recurrir a nuestros territorios de ultramar en Gibraltar, las Áreas de la Base Soberana en Chipre, la Isla Ascensión, las Islas Falklands y el Territorio Británico del Océano Índico. Estos a menudo proporcionan instalaciones clave no solo para nosotros, sino también para EE.UU.”

En un informe de la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad EE.UU. –China del Congreso de EE.UU. titulado “Acuerdos militares de China con Argentina: una posible nueva fase en China Relaciones de defensa de América Latina” hay una consideración sobre la “Intensificación temporal de la disputa por Falklands”:

  • EE. UU. no adopta ninguna posición sobre la disputa de las islas Falklands que no sea alentar una resolución diplomática de las diferencias, pero sus intereses se verán perjudicados por el aumento de las tensiones entre los reclamantes, ambos aliados de EE.UU., y la tensión que esto supondría para los esfuerzos de estabilidad regional.
  • Los potenciales acuerdos de venta de armas y cooperación espacial de China con Argentina ya han servido para intensificar marginalmente la disputa, y China apoya públicamente el reclamo de Argentina sobre las islas, probablemente viéndolo como análogo a su propio reclamo sobre Taiwán.
  • Antes de que salieran a la luz sus acuerdos oficiales con China, el mero interés de Argentina en los cazabombarderos SU-24 rusos llevó al Reino Unido a realizar una revisión oficial de las defensas de las islas e invertir en pequeñas mejoras, una medida que Argentina criticó fuertemente.
  • A pesar del potencial valor de miles de millones de dólares, estos acuerdos no proporcionarían activos suficientes para inclinar el equilibrio de poder militar a favor de Argentina.

Hidrocarburos

Durante los ’70, Gran Bretaña realizó varias misiones científicas y estudios de prospección sobre recursos en las islas, especialmente de petróleo. Para finales de esa década, no fruto de la casualidad, diversos medios comenzaron a manufacturar consenso en torno a que la Corona británica debía buscar nuevas fórmulas para el desarrollo de las potencialidades mineras de las islas, así como la importancia de quitar de la mesa de discusión con Argentina el asunto de la soberanía. Al mismo tiempo, desde EE.UU. se sentenciaba que “la única región fuera de la OPEP y de los países comunistas con un potencial petrolero significativo es la cuenca de las Malvinas, entre Argentina y las islas Falkland”.

Luego de la guerra, ya durante el Gobierno de Carlos Menem, Malvinas dejó de ser una cuestión soberana, en el marco de una política de “acercamientos prácticos”, favoreciendo a través de tratados y convenios, los intereses económicos y políticos de Gran Bretaña.

Este marco legal permitió que Gran Bretaña lanzara unilateralmente una licitación pública para la exploración de petróleo en las islas a mediados de los ’90. Se perforaron seis pozos en 1998 y en 2010 Ocean Guardian, lideró un nuevo ciclo de perforaciones. El 2 de abril de 2015 Premier Oil, Falkland Oil & Gas y Rockhopper Exploration anunciaron el descubrimiento de reservas de petróleo y gas superando, por lejos, las expectativas.[10] En septiembre de 2017, durante la Conferencia Capital Oil, el CEO de Rockhopper Exploration anunció que el pozo denominado “Sea Lion” poseía reservas certificadas de entre 500 millones y 1.000 millones de barriles de petróleo. Se estima que la extracción comercial de crudo en Malvinas podría iniciarse en 2020. Para 2022 se proyecta una producción offshore de 75.000 barriles diarios, volumen que podría alcanzar un máximo de 120.000 en 2025.

Es importante recordar la condición transnacional de las compañías petroleras. En el caso de Malvinas, existen importantes intereses estadounidenses en alianza con compañías británicas. Por ejemplo, Rockhopper Exploration y Diamond Offshore negocian la documentación vinculante a partir de los principios acordados para la provisión de una unidad de perforación y el financiamiento del proveedor. Actualmente, las empresas que exploran y explotan el área son: Falkland Oil And Gas Limited, Borders And Southern Petroleum, Rockhopper Exploration, Diamond Offshore Driling, BHP Billition y Argos, además de las firmas que brindan servicios financieros y de accionistas.

Un dato clave es que la ley de hidrocarburos de Argentina, modificada en 2013, prevé que ninguna empresa petrolera que haya actuado en Malvinas podrá hacerlo en la plataforma continental argentina, por tratarse de una explotación clandestina e ilegal. En octubre de 2018, el Gobierno de Mauricio Macri firmó el decreto 872 que instruye a la Secretaría de Gobierno de Energía, dependiente del Ministerio de Hacienda, para que proceda a convocar un Concurso Público Internacional para la adjudicación de permisos de exploración para la búsqueda de hidrocarburos offshore.

En este marco, se adjudicaron áreas a empresas europeas que ya están operando en Malvinas al tiempo que se entrega información geológica de la plataforma continental argentina y se aceptan empresas británicas que operaron en Malvinas bajo la administración ilegal de las islas. Estos hechos fortalecen la ocupación colonial británica al conceder explotaciones a estas empresas (que violan la Constitución Argentina al reconocer el Gobierno kelper). Es decir, no solo se otorgan estas concesiones ilegales sino que, además, se legitima la ocupación colonial.

Recursos vivos marinos

Después de la guerra, y como parte del plan para el apoyo económico de las islas y el mantenimiento de la base militar del Reino Unido, el sostenimiento económico se concretó por medio del otorgamiento de licencias de pesca en el Mar Argentino. En la última década, la pesca representa más de la mitad de los ingresos de la economía de las islas, a partir del sistema de licencias ilegales. Durante 2011, 118 buques con licencia británica pescaron un total de 232.000 toneladas. Solo por calamar, en 2012 se pescó por un valor superior a los 1600 millones de dólares, producto de la captura de 50 toneladas por día.

Perspectiva: la urgencia de una nueva etapa para Malvinas y el Atlántico Sur

Durante el Gobierno de Macri el “reclamo” por Malvinas y el Atlántico Sur estuvo supeditado al deseo de relanzar el vínculo comercial con Londres, en tanto socio clave en la estrategia de “reinserción en el mundo”. En consecuencia, desatendió el histórico reclamo por la soberanía y el desarrollo del Atlántico Sur. A la luz del cambio de Gobierno en Argentina, resulta importante destacar aspectos clave sobre la cuestión Malvinas, que sería importante vuelvan a considerarse como punto de partida para el debate y toma de decisión:

  • Es clave concebir a Malvinas en el contexto de una política oceánica y antártica. Para eso Argentina debe pensarse como un país marítimo y antártico.
  • La “cuestión Malvinas” implica recursos en disputa como el petróleo, la pesca, los cuantiosos recursos en la plataforma continental o los minerales de fondos marinos oceánicos.
  • La Argentina oceánica y antártica debe pensarse como parte política hacia el Atlántico Sur, en tanto desarrollo de la ciencia y una logística para la Patagonia argentina continental e insular.
  • Es urgente reactivar las estrategias tendientes a generar un acompañamiento regional e internacional en la cuestión Malvinas.
  • Sería conveniente reorientar las negociaciones para impedir la unilateralidad británica en sectores como pesca o hidrocarburos.