La Sección Aliaga en la Defensa de Pradera del Ganso

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¡Mi subteniente, Marini está herido! – alcanzó a escuchar Aliaga. 

Sin dudarlo mucho y pensando en que su hombre estaba totalmente descubierto, el oficial reptó hasta el conscripto y trató de taparle la herida del estómago de la cual manaba bastante sangre; al mirar a su costado vio que otros dos soldados, Naif Anis Hassanie y Luis Cepeda, lo habían seguido hasta allí. Rodeados los cuatro de decenas de impactos, Aliaga pudo arrastrar con mucha dificultad a Marini hasta que cayeron dentro de la protección del puesto de comando de la sección. El herido, bajo el shock producto de la situación, gritaba que se iba a morir y el subteniente lo contradecía en un intento de infundirle calma, aunque en su interior éste pensara que ninguno de ellos iba a quedar vivo. Uno de los soldados que se encontraba allí y que tenía la tarea de brindar los primeros auxilios a su malherido camarada, lo miraba fijamente y no hacía nada; Marini lo recriminó:

– ¿Qué esperás para vendarme? 

Poniendo una nota tragicómica al momento, el otro respondió:

– Es que tengo miedo de lastimarte…

Pero a esta altura el cabo Bossetti y el soldado Marini no eran los únicos heridos: también Allende estaba fuera de combate y, a pesar de que su lesión era de escasas dimensiones, la esquila que lo afectó había seccionado su médula espinal impidiendo su movilidad. La sección estaba completamente aferrada al terreno por el intenso fuego británico y, sin posibilidades de ejecutar cualquier movimiento, los soldados argentinos comprendieron que no tenían más alternativa que seguir disparando. Las balas enemigas se concentraban sobre todo en la posición de la ametralladora MAG, a la que los ingleses trataban de silenciar infructuosamente hasta el momento, y sus servidores podían ver como el terreno a su alrededor se llenaba de impactos. Para ese entonces el combate estaba siendo sostenido por alrededor de quince soldados, que eran los que se habían ubicado con frente al avance inglés.

De pronto, los proyectiles de las armas pesadas enemigas comenzaron a caer con mucha precisión. Algunos disparos anteriores habían caído en las cercanías, por lo que Aliaga supuso que podían ser propios pero eran, evidentemente, los que estaban usando los ingleses para centrar la posición. Las municiones estallaban al costado de los pozos provocando el levantamiento de pedazos de turba y otros elementos del terreno, que caían sobre los soldados pegándoles en sus cuerpos y cascos. Cuando podían levantar la cabeza, veían que los ingleses efectuaban algunos cambios de posición intentando acercarse a la loma y una infernal lluvia de balas, superior al volumen recibido hasta entonces, se transformó en algo casi insoportable. No era posible ver dónde tenían colocadas los ingleses sus ametralladoras pero, con seguridad, estas armas estaban ubicadas en alguna otra elevación dominante, lo que les permitía batir a los soldados del Regimiento 8 sin dificultades. 

En medio de todo ese fuego, el subteniente Aliaga alcanzó a divisar a una fracción enemiga que formada en línea avanzaba desde el mar, es decir, por el frente izquierdo de la posición. En ese sector existía una pequeña playa con varias rocas distribuidas en su superficie, justamente en la desembocadura de un arroyo de escaso cauce, en donde la barranca típica del lugar veía interrumpida su continuidad. A los gritos intentó avisarle a los sirvientes de la MAG para que concentraran el fuego sobre esa tropa pero, como el estruendo de varias explosiones y el fuego de armas automáticas impidió que sus advertencias sean oídas, decidió llegar hasta ese pozo. En el momento de salir del suyo, el oficial sintió un impacto en el cuello y la sangre comenzó a manar por la desgarrante herida, cayendo inmediatamente hacia adelante. Sin saber quién era el que lo hacía, fue arrastrado de regreso hasta el puesto de comando.

El subteniente Aliaga, pese a la pérdida de sangre producida por su herida, no llegó a perder el conocimiento aunque el shock había menguado sus fuerzas y tampoco podía articular palabra…….”

La 3ra Sección de la Compañia C del RI 8 peleó en Darwin, su jefe el Subteniente Guillermo ALIAGA comandó a 5 suboficiales y 27 soldados conscriptos.

La imagen de la foto corresponde al Subteniente ALIAGA herido y ya prisionero.