Las claves geopolíticas. El control de los recursos naturales en el área del Atlántico Sur como nueva hipótesis de conflicto para el siglo XXI.

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El concepto referenciado debe abordarse desde diversos enfoques; para ello presentaremos aspectos de relevancia que confluyen en una sola dirección, como lo es la necesidad de controlar recursos en un mundo ávido que busca regiones aptas para su supervivencia.

(1) Es sumamente obvio que la posición económica de las Malvinas y de sus habitantes ha cambiado sustancialmente, en particular durante el presente siglo.

Si bien la lana y la carne ovina (aproximadamente 500.000 cabezas de ese ganado) y un poco de minería, siguen siendo su exportación local principal, (sumado a los ingresos del turismo internacional mediante el recale de cruceros; al respecto conviene señalar que según datos del gobierno de las islas compilados en el Economic Briefing & Forecast for the Falklands, entre 2009 y 2010, visitaron las Islas 62.500 personas. Puesto de otro modo, desde el 2009 a la fecha ha habido un incremento del 200% de turistas78, aunque esta realidad es cambiante si se consideran las posibles variantes que puedan producirse a nivel internacional), fue la autorización concedida en 1985, por parte del RUGB al Gobierno de las Malvinas, para explotar los derechos de pesca, en el sector marítimo considerado como propio, lo que modificó radicalmente la economía de las Malvinas y el estándar de sus habitantes.

El principal indicador son los ingresos por concesión de derechos de pesca, que varían conforme a las alternativas del mercado internacional, calculándose en alrededor de 150 millones de dólares por año. En la actualidad los 3.145 isleños disfrutan ya de US$ 35.000 de ingreso per cápita, ubicándolos en el cuarto lugar en el mundo con un PBI de 105,1 millones de dólares 75 millones de libras esterlinas- (únicamente por debajo de Qatar, Liechtenstein y Luxemburgo).

(2) Sin embargo, es la explotación del petróleo la que está aumentando la importancia geopolítica de las islas, estimándose que hacia el 2016 ese será de lejos el foco central de la disputa.

Para entender la trascendencia de este enfoque, aparece un elemento adicional, a los intereses que ya disputan el RUGB y nuestro país, que debe ser tomado en cuenta en esta confluencia de variables geopolíticas, que podrían transformar el tablero geoestratégico. Nos referimos a la posición que adopte la República Federativa del Brasil, cuyos intereses han ido aumentando sustancialmente en los últimos años (Basta recordar el descubrimiento de petróleo en su jurisdicción marítima). Sin ser un actor directamente involucrado, sí parece más sensible a los reclamos argentinos a juzgar por sus declaraciones. Con estos antecedentes, es probable que la estatal brasileña Petrobras no desee tener competencia de otras empresas en zonas relativamente cercanas, dado que avizora convertirse en una de las grandes petroleras a escala mundial en los próximos años. Tal suposición es coherente con las aspiraciones de presencia hegemónica de Brasil en el Atlántico Sur. A tono con lo precedente deben tenerse presente dos asuntos de trascendencia: uno, que Brasil siempre se ha mostrado receloso ante cualquier presencia no regional en el Atlántico Sur, y dos, relacionado con lo anterior, el orgullo brasileño por sus logros en explotación off shore. Además, la variable brasileña irá adquiriendo o perdiendo peso, a medida que se materialicen las prospecciones off shore en Uruguay, asignadas a empresas británicas, complejizando sustancialmente aún más, la situación descripta.

(3) Otro factor que aparece en escena, no menos importante, se emparenta con las consecuencias que ocasiona el cambio climático (para nuestro caso en particular, el fenómeno del deshielo en el Continente Antártico), abriendo de este modo, nuevas perspectivas para la explotación de los recursos naturales de esa zona del planeta, que hasta ahora se presentaba como inaccesible debido a los desafíos tecnológicos y financieros a afrontar por parte de aquel actor estratégico que pretendiera encarar esa empresa. A este hecho, se le agrega la posibilidad de dejar expeditas nuevas vías de comunicación marítima en los mares australes, produciendo en consecuencia, una nueva revalorización respecto de la posición estratégica de ciertos enclaves geográficos, como lo es el archipiélago de las Islas Malvinas.
Prueba de ello, son los intereses creados por:

(a) EE.UU. ha manifestado reiteradas veces, que tiene importantes intereses políticos, de seguridad, económicos, ambientales y científicos en el Continente Antártico, y aunque no reconoce reclamos de derechos soberanos de otros países en la región, ha manifestado que se reserva todos los derechos de la zona, sin especificar limitación alguna.

El 08 May 2008, y considerando la importancia generada por este nuevo fenómeno denominado cambio climático, el gobierno EE.UU decidió impulsar a partir del 01 Jul 2008, la reactivación de su IV Flota, con el objetivo de volver a patrullar el Atlántico Sur.

(b) El 14 Feb 2008, Rusia colocó una bandera de esa nacionalidad, de titanio en el lecho del Polo Sur geomagnético con pretensiones de hacer una “demostración de soberanía” y actualmente, nos encontramos ante una verdadera “explosión” de la actividad humana en ese Continente.

(c) En 2004, en sintonía con las otras potencias mencionadas, el RUGB trasladó su Comando Naval del Atlántico Sur, desde la isla Ascensión al archipiélago de las Islas Malvinas, posición desde la cual trata de justificar sus derechos sobre el pretendido “Territorio Antártico Británico”, aceptado por la UE.

(4) La extensa plataforma continental sumergida bajo las aguas del Océano Atlántico Sur se encuentra estrechamente vinculada al ecosistema antártico y oculto posiblemente en su lecho y subsuelo marino las últimas grandes reservas de hidrocarburos sin descubrir. Ante esta situación, los países de América del Sur, en particular aquellos que poseen costas frente al Océano Atlántico, deben ser conscientes que la defensa integral de sus recursos naturales debe convertirse en su prioridad estratégica, en consonancia con la posibilidad de controlar de estas reservas por parte de países muy desarrollados (se ha convertido en prioridad estratégica), y la tensión que puede provocarse al enfrentarse intereses, constituya una seria y real amenaza de conflictos durante el siglo XXI.

En tal sentido, conviene mencionar un informe incluido en el Documento Strategic Trends 2007/203680 –que plantea estimaciones futuras acerca de las principales tendencias a nivel mundial para ese período, en relación a una fuerte competencia a nivel mundial por la Energía. Si bien se trata de estimaciones y tendencias, resulta interesante para realizar proyecciones de escenarios futuros a nivel global.

Siguiendo este razonamiento, el documento establece, en relación a la energía, que: “La edad de oro de la energía barata ha concluido. La competencia por las fuentes de energía dominará el escenario económico durante los próximos 30 años y el crecimiento de la demanda energética mundial tenderá a aumentar entre 1,5% y 3,1%. La alta demanda de economías de rápido desarrollo se incrementará significativamente (…). Esta tendencia probablemente derivará en un incremento en los precios (…). Las proyecciones, aparentes o reales, de alcanzar el pico de producción de petróleo hacia 2035 y la progresiva disminución de la producción a partir de entonces, intensificará la competencia por los recursos restantes”.

(5) Otra importancia del Atlántico Sur desde el punto de vista estratégico además de los recursos renovables o no renovables, reales o potenciales, proviene de su tráfico marítimo. Dentro de esta actividad, hay uno de especial relevancia estratégica: el transporte de crudo.

Aproximadamente el 80% del petróleo que abastece a Europa occidental desde el Golfo Pérsico y el 40% de las importaciones de los EE.UU. recorren las aguas del Atlántico Sur por la vía de la Ciudad del Cabo, en búsqueda de los puertos del Hemisferio Norte.

De este tráfico mencionado, sólo una pequeña parte lo hace por la ruta del Pasaje Drake y la región del conflicto austral. Pero, teniendo en cuenta que la totalidad del tráfico marítimo de nuestro país debe necesariamente cruzar las aguas del Atlántico Sur, en su ruta a puertos de ultramar, donde se colocan nuestras exportaciones y se obtienen los insumos básicos para la industria nacional, puede afirmarse que el control de esas vías de comunicación, asume un rol vital para la República Argentina.

(6) Es compartida la opinión de periodistas, líderes latinoamericanos y el propio gobierno argentino, que durante los años 2010 y 2011, e incluso a partir de 2012, Gran Bretaña desplegó abiertamente campañas de provocación contra Argentina. En periódicos británicos se anunciaba constantemente la realización de actos significativamente hostiles. Algunos ejemplos de ellos fueron la concesión de patentes de pesca a terceros países en la Zona Económica Exclusiva argentina (ZEE), la prospección de hidrocarburos por empresas extranjeras asociadas a Gran Bretaña, etc.
Al respecto, señalamos:

(a) Los intereses estratégicos que Gran Bretaña persigue en la región no resultan irrelevantes para la potencia anglosajona, ni mucho menos. Por el contrario, muchos de ellos se vinculan de diversas formas a sus agendas prioritarias de política exterior, y sin lugar a dudas irán adquiriendo cada vez mayor relevancia para ella en el futuro, a medida que su demanda de recursos estratégicos se acreciente, que los efectos del Cambio Climático se tornen más pronunciados, o que la Antártida adquiera mayor relevancia para la humanidad en términos geoestratégicos y de recursos.

Es evidente que gran parte de lo que busca Gran Bretaña en el Atlántico Sudoccidental recursos energéticos, ictícolas, y minerales, agua dulce, nódulos polimetálicos, etc.- se encuentra fuertemente vinculado al acceso a recursos y al mantenimiento del bienestar económico británico.

(b) En cuanto a los intereses nacionales británicos de Carácter Económico, vale la pena recurrir a las consideraciones de Michael T. Clare en relación a la creciente relevancia que están adquiriendo los recursos considerados como estratégicos y los posibles conflictos que se pueden llegar a generar a futuro como consecuencia de la competencia por el acceso a los mismos. Así, en la primera frase que da inicio a su obra, el autor afirma sugestivamente:

“Porque son valiosos y confieren poder y riqueza, la disputa de los recursos deviene un rasgo cada vez más destacado del panorama mundial”. En este orden de pensamiento, y para evitar tornarse dependientes de otros Estados, expresó: “… hay un nuevo énfasis en la protección al suministro de recursos vitales, sobre todo el petróleo y el gas natural. Mientras en la guerra fría se creaban divisiones y se formaban alianzas siguiendo lineamientos ideológicos, en la actualidad la competencia económica rige las relaciones internacionales y, por lo mismo, se ha intensificado la competencia por el acceso a sus riquezas económicas.

Como cualquier interrupción en el abastecimiento de recursos naturales tendría graves consecuencias económicas, los principales países importadores consideran hoy que la protección de ese flujo es una importante preocupación nacional. Además, con un consumo global de energía cuyo aumento se estima en 2% anual, la competencia por el acceso a las grandes reservas de energéticos solo puede ser más intensa en los años venideros”.

De los recursos considerados como estratégicos, los más importantes son, según Klare, el petróleo y el agua ya que ambos constituyen recursos críticos para el funcionamiento de la moderna sociedad industrial, se consumen en cantidades crecientes y, hacia mediados del Siglo XXI, el abastecimiento probablemente no alcanzará a cubrir las necesidades mundiales. En ese orden, se puede apreciar que tanto los recursos energéticos como el acceso a importantes reservas de agua dulce constituyen dos de los intereses económicos que Gran Bretaña persigue en el Atlántico Sudoccidental. A los dos recursos ya mencionados, se agrega la discusión en torno al dominio estratégico en la futura disputa por el agua continental.