Saqueo pesquero británico en el Atlántico Sur

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A principios de noviembre del año pasado (2019), publicamos una nota sobre el sostenido quinquenio de capturas del calamar Loligo que se había observado en la zona de pesca concesionada (en forma unilateral e ilegal) por el gobierno colonial de las Islas Malvinas.
El dato proporcionado por la legisladora Teslyn Barkman, miembro de la Asamblea Legislativa de las Islas no es menor, pues consigna que las capturas del Loligo gahi, fueron desde 2015 al 2019 sucesivamente: 30.000 tn, 46.400 tn, 64.700 tn; 80.000 tn y 80.600 tn.
De la misma manera, fueron in crescendo las capturas de merluza de acuerdo al siguiente detalle desde el 2015 al 2019, 21.100 tn, 23.900 tn, 15.800 tn, 27.100 tn y 53.400 tn.
Si de valores hablamos tomando ambas series de datos el incremento es del orden de los 130 millones de dólares sólo en el año 2019.
Según otra publicación de la misma fuente, en una nota de la edición del 5 de junio pasado, la Dra. Andrea Clausen, Directora de Recursos Naturales del ilegítimo gobierno de las Islas Malvinas; dice que la primera etapa de la pesca del Loligo gahi para la zafra 2020, fue de 30.000 tn., según sus dichos, menor que lo capturado en los dos años inmediatamente anteriores.
También comenta que la captura del Illex Argentinus fue de 62.000 tn, que es una muy buena campaña en comparación con las anteriores y que lo mismo sucede con la pesca de la especie en la zona exclusiva de Argentina.
Estos datos por si solos no nos dicen mucho; salvo si consideramos que la merluza y el illex que ellos pescan, tienen sus mejores rindes en una zona contigua a la que nosotros podemos manejar; y que loligo gahi es una especie de calamar, que se encuentra también frente a nuestras costas, aunque concentrado más cercano a las Islas, y que, por supuesto; también forma parte del delicado ecosistema del Atlántico Sur.
Este fantástico crecimiento en las capturas y en los ingresos producidos, sólo por estas dos especies, el loligo y la merluza, durante el último lustro ¿debemos atribuirlo sólo al azar?, ¿acaso a las dinámicas propias del ecosistema marino del Atlántico Sur? ¿No será que tal vez, sólo tal vez, se deba a una mejor planificación de la zafra de pesca producto de nueva mejor información de esas dinámicas?
Las preguntas que se nos vienen a la cabeza de inmediato son: ¿estaremos ante los efectos de los informes que el acuerdo Foradori – Duncan posibilitó?; ¿Será a consecuencia de la colaboración prestada por nuestros recursos científicos y ordenada por el gobierno de Mauricio Macri?
Y ya que estamos, otra: ¿Dónde se encuentra el beneficio para la pesca argentina dentro de nuestra Zona Económica Exclusiva-ZEE?, porque hasta donde podemos ver, no ha variado significativamente para bien, en ese periodo.