Se estudia el futuro del Subcomité de Pesca de Malvinas

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La semana pasada se suspendió la reunión que estaba programada y se habló de su desarticulación, aunque estaría en estudio su continuidad. Pistas sobre la posible política a aplicar para el Atlántico Sur si se decide terminar con acciones pendulares y el discurso únicamente jurídico.

La semana pasada hubo una intensa actividad diplomática en torno a Malvinas: se suspendió la reunión del Subcomité de Pesca que debía celebrarse el lunes 20; los embajadores ante Gran Bretaña y ante los organismos internacionales en Ginebra, Renato Sersale di Cerisano y Carlos Foradori, fueron desplazados y el secretario de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas, Daniel Filmus, hizo su presentación en Nueva York en el Comité de Descolonización instando a que se propicie desde la ONU una instancia de negociación.

En el año 2016, durante la presidencia de Mauricio Macri y con Susana Malcorra como canciller, el gobierno argentino firmó un comunicado conjunto con Gran Bretaña que además de generar el rechazos de la oposición y parte del oficialismo, dejó como resultado los vuelos desde Brasil a Malvinas con escala en Córdoba; la identificación de 155 soldados enterrados en las Islas y la reactivación del Subcomité Científico de la Comisión de Pesca del Atlántico Sur. Este último había sido creado en 1990 y desactivado durante los mandatos kirchneristas.

Desde la firma del llamado Acuerdo Faroni-Duncan –fueron quienes lo rubricaron– el Subcomité reanudó el intercambio de datos científicos y se realizaron en 2019, de forma conjunta, las campañas de calamar en febrero y en septiembre pasado sobre la especie polaca.  Siempre el aporte logístico lo hizo la Argentina y también fue la que aportó el cúmulo más importante de información.

Ante una nueva temporada de calamar, el Subcomité debía volver a reunirse el lunes pasado; pero la reunión fue suspendida por las nuevas autoridades. El ahora canciller Felipe Solá y el nuevamente secretario de Asuntos Relativos a las Islas Malvinas, Antártida e Islas del Atlántico Sur, Daniel Filmus, decidieron suspenderla.

Al mismo tiempo el embajador en Londres, Carlos Sersale y el embajador ante organismos internacionales en Ginebra, Carlos Foradori, fueron llamados a Buenos Aires y desafectados de sus cargos mediante dos decretos publicados en el Boletín Oficial el 22 de enero. Por otra parte, el jueves 23 Filmus se reunió en Nueva York con los miembros del Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas.

Se trató de un encuentro habitual en el que el gobierno reclamó por el respeto de las resoluciones anuales del Comité, que contienen un llamado a la Argentina y al Reino Unido a reanudar las negociaciones. “Ese tribunal estableció que es aquel órgano representativo de la ONU -y no la potencia colonial, como lo afirma el Reino Unido en la cuestión Malvinas, el que debe indicar las formas de poner fin a las situaciones coloniales conforme la función que le otorga la Carta de las Naciones Unidas”, informaron desde Cancillería.

El Secretario de Malvinas también mantuvo un encuentro con María Luiza Ribeiro Viotti, jefa de Gabinete del Secretario General de Naciones Unidas, a quien le comunicó el interés de la Argentina en que se encomiende una misión de buenos oficios al Secretario General para reanudar las negociaciones de soberanía respecto de la Cuestión Malvinas con Gran Bretaña.

Durante la semana pasada corrieron rumores de desarticulación del Subcomité Científico de Pesca, teoría que se vio abonada por la suspensión de la reunión; pero su continuidad estaría en estudio. Se buscaría dar un rumbo a las relaciones en función del cuidado de los recursos naturales en el Atlántico Sur.

Una de las propuestas es terminar con las marchas y contramarchas en este tipo de acuerdos. Javier Figueroa, embajador en Cuba desde 2016 y quien fuera funcionario de la Secretaría de Malvinas desde su creación y hombre muy cercano a Daniel Filmus, escribió hace dos meses en una revista panameña un extenso artículo sobre la relación entre Malvinas y la pesca que podría dar una idea del lineamiento que se pretende dar al tema desde la Secretaría.

“No es habitual una mirada que encuadre la disputa de soberanía en una visión política integral del Atlántico Sur y la Antártida. Es ese el contexto, en el cual deberíamos diseñar nuestra política. Malvinas es un capítulo de una novela más amplia, que es la construcción de una política oceánica para nuestro país”, escribió Figueroa en la revista Panamá.

Para el embajador y hombre de consulta de Daniel Filmus, visualizar Malvinas desde otra perspectiva, vinculando “la temática Malvinas a otras agendas tales como la ciencia o la conservación marina”, permitiría desarrollar políticas que fortalezcan nuestra posición negociadora y serían un instrumento efectivo de desarrollo y de presencia estratégica.

Para ello, indica, se deben tejer alianzas y redes por temas con actores relevantes, ya sean Estados de la cuenca sudatlántica o actores claves en agendas ambientales, científicas, pesqueras, extendiendo incluso alianzas con organizaciones especializadas y ONG.

“Si bien la República Argentina cuenta con una larga y permanente presencia en el Atlántico Sur, la articulación de políticas sectoriales (pesca, medio ambiente, actividades científicas, control, etc.) ha sido escasa”, indica el funcionario, y agrega que “los esfuerzos desplegados por las diversas e importantes instituciones, han sido dispersos y sin mayor coordinación, lo que ha afectado tanto su eficacia como su visibilidad y asignando importantes recursos de una manera ineficiente”.

“Cualquier programa a gran escala para el Atlántico Sur requiere establecer mecanismos de consulta y articulación entre las distintas instituciones competentes, que pueden perseguir distintos objetivos. Al mismo tiempo, es esencial evitar la atomización de esfuerzos, apuntando a una gestión integrada. Esta coordinación debe incluir, asimismo, a las provincias con litoral marítimo, y aquellas instituciones y organizaciones estatales o no que realizan actividades en nuestros espacios marítimos australes”, resume Figueroa.

En ese contexto coloca en un lugar clave el papel de la provincia de Tierra del Fuego y el puerto de Ushuaia: “La demorada construcción de un polo logístico antártico, la concentración de las instituciones científicas antárticas nacionales en la provincia y la apertura al sector privado nacional a la provisión de servicios logísticos y turísticos antárticos no sólo tiene una lógica geopolítica, sino que generará recursos y empleos de calidad”.

El  discurso y la praxis de carácter diplomático jurídico y conservador, indica Figueroa, “nos ha llevado, por ejemplo, a marginarnos en foros marinos” y las actitudes pendulares a una situación de desventaja ante la contraparte, situaciones que se evitarían, dice, “si asumimos que el conflicto de soberanía es un punto más de una agenda más amplia”.

Dentro de la Secretaría de Malvinas se piensa en la creación de un departamento especial para atender la problemática del Atlántico Sur pero su concreción o el desarrollo que pueda alcanzar dependerá en última instancia de la postura política que el Presidente Alberto Fernández decida tomar frente a la cuestión Malvinas.